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José Duarte vuelve a Córdoba

junio 25, 2013

Duarte vuelve a Córdoba, a la sala Vimcorsa (del 13 de junio al 8 de septiembre de 2013), con una exposición de 54 obras centrada en cuatro momentos del artista cordobés: 1965, 1982, 1990 y 2000. Angustias Freijo ha preparado una exposición antológica sobre el artista, pero haciendo hincapié en sus orígenes andaluces, con cuadros hasta ahora desconocidos. Porque José Duarte ha reivindicado siempre su raigambre cordobesa. Las magníficas y esclarecedoras palabras de José Manuel Bonet, director del Instituto Cervantes en París, en el prólogo del catálogo de esta exposición, no pueden pasar desapercibidas. Aquí puedes ver el catálogo de la exposición.

José Duarte en Vivir desde las entrañas, por  JM VACAS

Exposición ‘José Duarte: Vivir desde las entrañas’, por  J.M. VACAS
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VOLVIENDO SOBRE LA PINTURA DE JOSÉ DUARTE,

por José Manuel Bonet

Una vez más, trabajo gustoso de decir unas palabras sobre José Duarte, pintor cordobés que hoy tiene ochenta y cinco años y que ha colgado definitivamente los pinceles, que se formó en la inmediata posguerra en su ciudad natal (en Artes y Oficios) y en Sevilla (en Santa Isabel de Hungría), que en un tiempo de álgidos debates artísticos y políticos como fueron nuestras décadas del cincuenta y del sesenta, y a caballo entre Córdoba y París, participó en la aventura colectiva y constructivista del Equipo 57, que luego al igual que su compañero de grupo y gran amigo Agustín Ibarrola, se pasó con armas y bagajes al realismo social de Estampa Popular, y que ya en los años de la transición democrática, encontró su rumbo definitivo, en el marco de un realismo contemporáneo, ya no social, sino de signo intimista.

De los años de Equipo 57, 1957-1962, no me toca ahora hablar. Diversas exposiciones, las más importante de las cuales se han celebrado en Madrid, en el Reina Sofía (1993), y en Sevilla, en el CAAC (2007), han permitido hacerse una idea exacta de la enorme importancia de su contribución a las corrientes geométricas o “normativas”, como se decía entonces, que en el tiempo de su fundación, pugnaban, bien es verdad que en inferioridad de condiciones, por ocupar un escena en nuestra escena con el entonces omnipresente y omnipotente informalismo. Al igual que los demás ex-Equipo, Duarte ha colaborado en cuantas iniciativas han surgido a lo largo de estos últimos años, para reivindicar aquella importante experiencia. Por lo demás, gracias al galerista Pepe de la Mano y al historiador del arte Ángel Llorente, en 2010 el público madrileño pudo descubrir al Duarte antes de Duarte, al Duarte de inmediatamente antes del Equipo, en cuyos bellísimos “gouaches” ecos de Paul Klee, de Joan Miró, de Willi Baumeister o de la “abstraction lyrique” francesa, se combinaban, ya, con una geometría en parte aprendida en Jorge Oteiza, tempranamente conocido por el pintor en la Córdoba de 1952. Trabajos que revelan unos orígenes que tienen bastante que ver con los de otros futuros geómetras, pero también con los de algunos de nuestros informalistas, con algunos de los cuales él había coincidido, en 1953, en el pionero Congreso de Arte Abstracto de Santander.

Hace más de medio siglo que Duarte abandonó ese discurso de la geometría que había sido el suyo durante los años cincuenta, y que había vertido al fondo común del Equipo, para virar, de nuevo en solitario, aunque en el marco común de Estampa Popular, hacia un discurso realista. Dentro del esquema de la época, tal como lo defendían en sus escritos críticos comunistas como José María Moreno Galván, Antonio Giménez Pericás o Valeriano Bozal, el informalismo era la protesta inarticulada, el constructivismo el sueño de un futuro en orden, y el realismo social, la protesta inscrita en el horizonte de la política antifranquista, de la urgencia, de la celayesca “arma cargada de futuro”. Paradigmático en ese sentido fue el caso de Ibarrola, que cerca de su maestro Daniel Vázquez Díaz –pintor que indirectamente también había influenciado al Duarte de los años de Santa Isabel de Hungría- había aprendido un idioma de volúmenes rotundos, de figuración sintética, y que cuando volvió a su Bilbao metalúrgico, volvió por esos derroteros, con mayor acentuación del factor épico.

Primero como grabador, y enseguida como pintor, en la Córdoba de aquel comienzo de la década del sesenta, Duarte, con un idioma que en algunos aspectos enlaza con la geometría que había practicado en el seno del Equipo, se consolida como una de las voces más potentes de un emergente realismo social. Sus primeras obras por ese lado, de 1964, son de gran expresividad, con figuras monumentales, como talladas a hachazos, figuras gesticulantes, que levantan el puño, figuras de campesinos segando, todo en una gama cromática reducida a los negros, los rojos, los pardos, los blancos… Vendrían luego bodegones de herramientas, un andén de estación, pueblos con burros… Con un idioma más contenido, y una gama cromática más amplia, poco después, estamos ya en 1967, 1968, se centra en decir, inmejorablemente, con acento entre social y metafísico, el desolador arrabal de su ciudad natal, los bloques de apartamentos con algo de cuarteles, la pobreza y el desamparo de las amas de casa (o de los jubilados, o de unas monjas), la ropa tendida que el viento hace ondear como si de banderas se tratara, las tapias, los niños en sus carritos, las sosas verbenas, los columpios y las barcas y los sueños de una infancia triste –motivo, este de los columpios y las barcas, que reaparece una y otra vez con insistencia-, la presencia del campo cercano, único rasgo que permitiría relacionarnos con ciertas visiones de Julio Romero de Torres… Además de estos cuadros inspirados en la vida cotidiana –“ah! que la vie est quotidienne!”, reza un inolvidable verso de otro Julio, el franco-uruguayo y simbolista Jules Laforgue- del arrabal cordobés, nos encontramos con uno en el cual el pintor representa al San Rafael del Puente Romano, y con otros en que asoma alguna espadaña, y con ciertas visiones de barriles de alquitrán recortándose sobre el campo. Todo esto ha aguantado francamente bien el paso del tiempo, entre otras cosas porque sin menoscabo del mensaje de denuncia social y política que indudablemente transmiten, hoy estos cuadros los contemplamos como imbuidos de una cierta atmósfera metafísica, a lo Giorgio de Chirico. El contagioso ejemplo de Duarte, por lo demás, arrastra hacia planteamientos parecidos, a algunos de sus discípulos del Grupo Córdoba, que en un principio habían trabajado en la línea normativa del Equipo 57.

Todo esto que bajo el pincel de Duarte surge durante aquella segunda mitad de los años sesenta –qué “sixties”, también, esa visión, de 1968, de una columna de bombarderos avanzando por un cielo del Sur, o esa visión, con algo de solanesco, de una procesión en Baena-, tiene bastante que ver con la poesía social que entonces dominaba en Madrid y Barcelona, con la novelística de aquel momento de un Juan Goytisolo o de un Francisco Candel, con la fotografía realista (en la cual hay mucho extrarradio de Madrid y Barcelona, mucha pared de cal deslumbrante, mucho tranvía y mucho metro, mucha ropa tendida al viento), con cierto cine neorrealista español pero también italiano…

Lejana y sola, en la posguerra Córdoba estuvo brillantemente representada en lo poético por los redactores de la revista Cántico, que además de excelentes versificadores, nada sociales por cierto, tienen casi todos obra en prosa, a la cual hace poco se ha venido a sumar un importante inédito, el impresionante diario íntimo, casi una bomba, de Juan Bernier. Pero en la generación de Duarte no hay ningún otro pintor tan centrado en interrogarla, aunque sea “extra muros”. Más atrás en el tiempo, ya he citado al gran Julio Romero de Torres, pintor pre-metafísico, extraordinario cantor simbolista, en su impresionante Poema de Córdoba, de lo que rodenbachianamente podríamos designar como “Córdoba la muerta”. Pero a buen seguro que en aquellos “sixties”, ni Romero de Torres ni sus ensoñaciones “fin de siècle” estaban entre los faros de Duarte, ni entre los de nadie relevante en la escena artística cordobesa. El periodista sevillano Antonio Guerra, al ir a entrevistarlo en 1973 para el semanario Triunfo, lo calificaba de “un pintor cordobés muy lejos y diferente de Romero de Torres”; un poco más lejos, califica al autor de El poema de Córdoba de “siempre discutible”. Una situación que en fechas más recientes se ha modificado sustancialmente, sobre todo a partir de la brillante y provocadora reivindicación del simbolista por parte de un Pepe Espaliú que también se iba a fijar en el caso de Cristino de Vera.

Con obras como aquellas, arrabaleras, a las cuales acabo de referirme, y con otras de temática rural, Duarte armó su primera individual madrileña, que con catálogo con textos de Valeriano Bozal, y del siquiatra y ensayista cordobés Carlos Castilla del Pino, tuvo lugar en 1968 en Quixote, muy interesante sala fundada seis años antes, ubicada en un lugar tan visible como la Plaza de España, y hoy desaparecida, como la práctica totalidad de las de aquella época, que en esto somos país poco conservador. En Quixote habían expuesto o iban a hacerlo veteranos como el almeriense e indaliano Luis Cañadas, el tangerino Antonio Fuentes, Hipólito Hidalgo de Caviedes, el “naïf” Higinio Mallebrera, Antonio Quirós, el gallego y luego mexicano Arturo Souto, el madrileñista fino Eduardo Vicente, y otros pintores entonces emergentes, como Luis Fernando Aguirre, Francisco Cortijo, Claudio Díaz, Cristóbal Toral o Eduardo Úrculo, además de haberse organizado en ella un homenaje a Vázquez Díaz con motivo de su octogésimo aniversario, o haber acogido, en 1963, una de las colectivas de Estampa Popular, la agrupación de grabadores fundada en el Madrid de 1958 por Pepe Ortega, y en la cual el PCE llevaba la voz cantante, un poco como había sucedido allende el Atlántico en la experiencia que se pretendía imitar, la del mexicano Taller de Gráfica Popular, detrás de la cual estaba el PCM. A Estampa Popular perteneció Duarte, y ahí está por ejemplo ese linograbado rojinegro de homenaje a Miguel Hernández, presente en la colección del Reina Sofía. Como paralelamente pertenecieron al grupo, Ibarrola en Bilbao, y Francisco Cortijo y Claudio Díaz en Sevilla, por sólo ceñirnos a artistas ya mencionados en las líneas precedentes.

De aquel 1968 en adelante, Duarte acentúa la dimensión rural de su trabajo, carretas, hileras de campesinas con sombrero, aperos de labranza y entre ellos siempre la tan emblemática hoz…

La primera individual de Duarte que visité, y donde nos presentaron, fue la que en 1972 celebró en Sevilla –entonces mi ciudad de residencia-, en la entonces recién fundada Galería Juana de Aizpuru. Aquella exposición me permitió descubrir a un sutil pintor de un mundo rural andaluz, dueño de un idioma muy personal. Grises, amarillos, verdes, ocres. Espacios desolados, horizontes vacíos batidos por el viento, vegetación rala y en ocasiones ya seca, tapias, búhos, flores humildes como humildes las sillas de enea, sentido teatral –esas Campesinas dramáticas, hieráticas, arquetípicas, silenciosas, siempre con sus sombreros de paja, esas mujeres por lo general en grupo, que casi se confunden con la tierra a la cual están inexorablemente atadas- con ciertas resonancias lorquianas, y me refiero a un cierto lado coral, como de tragedia griega… “La mujer –le decía Duarte a Antonio Guerra, en la citada entrevista- ha sido la principal protagonista del campo andaluz en lo que a sufrimiento se refiere”, porque el hombre “a la vuelta a la ciudad o al villorrio tiene la droga de la taberna, del dominó o las quinielas”. Aunque evidentemente se trata de obras tras las cuales late, como en las anteriores, una conciencia crítica, hay en ellas una como intemporalidad que las aparta de la historia. Es curioso que a su propósito, en una de esas intuiciones de las cuales tenía el secreto, Moreno Galván, en uno de sus artículos de Triunfo, de nuevo, trajera a colación un libro tan clave como Realismo mágico (Madrid, Revista de Occidente, 1927), de Franz Roh.

Un dato epocal: casi al final de la entrevista con un Antonio Guerra que le pregunta que por qué no expone en el extranjero, Duarte se atrevía a decir esto que transcribo, y que nos da idea de cómo era todavía aquella España del franquismo final: “me ha sido denegado varias veces el pasaporte”.

Por mi parte, ya retornado, aquel mismo año 1972, en Madrid, a lo largo de los siguientes, que fueron los de la Transición española, a los cuales el PCE hizo aportaciones fundamentales, seguí en contacto con un Duarte que se iba a trasladar su residencia a la capital. Quien nos volvió a presentar fue Claudio Díaz, ya citado a propósito de Quixote y luego de Estampa Popular, y que entonces firmaba “Claudio” a secas. Claudio era y es un entrañable pintor sevillano, cuya obra poseía, incluso en aquellos tiempos dominados por la épica, un especial lirismo, una especial dulzura. Del mismo modo que conocía muy bien el camino del apartamento de Amparo y de Claudio en Campamento, me acostumbré a acercarme, en esa misma área meridional de Madrid lindando con la Casa de Campo, al de Aurelia y José Duarte. (Claudio y Duarte en Madrid, donde Duarte sigue: andaluces trasterrados, que se habían quedado en la periferia Sur de la capital, como si eso supusiera estar un poco más cerca de sus nostalgias andaluzas. Observación que curiosamente también podría valer en el caso de sendos sevillanos residentes en las cercanías de la estación de Atocha, como el poeta Rafael Montesinos y el ya citado José María Moreno Galván, ya fallecidos ambos. O en el de otro pintor nacido en la Ciudad de la Gracia, Fernando Verdugo, buen amigo tanto de Duarte como de Claudio, y que en su caso se ha ido a vivir pegado al Viaducto, no muy lejos de donde anidó, muchas décadas antes, otro paisano de todos ellos, Rafael Cansinos Assens, el fundador del ultraísmo. O en el de un último pintor sevillano, Manolo Quejido, que siempre ha estado del lado de la Casa de Campo, él también, y de la goyesca Quinta del Sordo). El siguiente peldaño en el camino de Duarte, fue, en aquel modesto, recoleto y ordenado apartamento-estudio de esa periferia madrileña orientada hacia el Sur, la búsqueda de un espacio figurativo aparte, ya lejos de la urgencia, del mensaje, de lo social… En ese camino introspectivo y sosegado, algunos de los faros que lo guiaron, faros cuya influencia se hacían notar por aquel entonces en pintores de una generación más joven que la suya, fueron Giorgio Morandi –autor de algunos de los más importantes bodegones del siglo XX-, Edward Hopper, y David Hockney. De los pintores españoles de generaciones anteriores, el cordobés conserva gran cariño y devoción por uno al cual trató bastante, Juan Manuel Díaz-Caneja, el mayor cantor del paisaje castellano, y pintor repetitivo, en el buen sentido de la palabra, algo que también puede decirse del cordobés, o de otro amigo de Díaz-Caneja como es el ya mencionado Cristino de Vera.

Acabo de citar a Morandi, y a Juan Gris, herederos, en el siglo XX, del arte quintaesenciado de un Chardin. Inspirados bodegones ha pintado también Duarte, bodegones en que se manifiesta su enorme amor por ese arte del silencio, del alma de las cosas inanimadas. Bodegones morosamente pintados, en alguno de los cuales se apilan libros y catálogos: emblemas de la actitud estudiosa y reflexiva del artista cordobés para con el pasado. Bodegones en los cuales a veces representa botes, pinceles, paletas: útiles del oficio, instrumentos del viejísimo arte de la pintura… Bodegones, también, que logran fijar, eternizar, algo del universo por definición pasajero (recordemos algún texto emblemático al respecto de Charles Baudelaire) de la moda, y ahí están, una y otra vez, con obsesión casi fetichista, esos zapatos femeninos en los cuales no podemos no ver un homenaje a su querida Aurelia, la importante diseñadora de modas Aurelia Medina. Bodegones con vegetales, que traen a nuestra memoria el altísimo ejemplo del cartujo Juan Sánchez Cotán, toledano, pero a la postre granadino de adopción, lo cual nos conduce de nuevo hacia el Sur. Bodegones en ocasiones monumentales: de nuevo zapatos femeninos, o ese sacacorchos o esa plancha casi surreales –hay un bodegonismo surrealista: pensemos en Konrad Klapheck, que por cierto también se ha fijado en la plancha, aunque obviamente antes estuvo la de Man Ray-, casi convertido en un animal. Floreros, también, lección de humildad, de redescubrimiento de placeres sencillos, en cierto modo prohibidos en los años grupales y políticos: en ellos, el antiguo constructivista se rinde, juanramonianamente –está claro que aunque escribo estas líneas a orillas del Sena, hoy no encuentro el modo de salir de Andalucía-, a las redescubiertas delicias de la poesía lírica.

Como pintor intimista, contemplativo y pausado, Duarte se autorretrata en el estudio, y el resultado es convincente en extremo, porque ese estudio, esa casa, son puerto de aguas tranquilas, muy apto para tomarlo como espejo en el cual mirarse, en el cual interrogarse, y desde el cual interrogar al mundo.

Marinas en que los personajes contemplan el mar, de espaldas, como si de personajes de Caspar David Friedrich – Angustias Freijo nos convocó en su galería madrileña, en 2010, para celebrar El romanticismo de José Duarte– se tratara, aunque tampoco falta la observación sociológica. Bañistas. Una muchacha en un campo de tenis vacío. Jugadores de billar. Un café como galería de espejos, en el tedio dulce de una remota provincia portuguesa: un cuadro especialmente feliz, que brilla en mi memoria. Entre visiones, especialmente afortunadas ellas también, de la ría de Bilbao, la gran ciudad del país de Ibarrola, su amigo del alma, y de grandes poetas como Ramón de Basterra, Blas de Otero o Gabriel Aresti; de una ría camino de ser museo, arqueología industrial. Retratos de familiares y amigos, mujeres solitarias, tertulias sin tiempo, algún gato… Y ese hermoso mural de 1992, en Córdoba, ese mural callejero en el Jardín de los Poetas, donde el pintor le regala a los peatones de su ciudad natal, unas visiones urbanas y suburbanas ciertamente de una gran poesía nostálgica, especialmente la parte donde representa una antigua fábrica, con su alta chimenea ya en desuso…

Por ese mismo lado al cual acabo de aludir a propósito de la ría de Bilbao y de ese mural cordobés, el Duarte peatón de Madrid va a fijarse en descampados barojianos, en zonas industriales, en el barrio de las Delicias, y dentro de él, en el edificio de ladrillo la Fábrica Mahou, antes de que fuera convertida en un centro cultural municipal, de actividad por cierta un tanto errática. El resultado de esa “flânerie” por el arrabal capitalino, es inmejorable, de nuevo por un cierto lado chiriquiano, más la ya aludida influencia de Hopper, que comparte con pintores españoles más jóvenes, gente de la cual uno ha estado muy pendiente, como Ángel Mateo Charris, Damián Flores, Marcelo Fuentes, Miguel Galano o Gonzalo Sicre.

El Premio que la Comunidad de Madrid le otorgó a Duarte en 1994, viene a reconocer la contribución a la escena artística madrileña, de un pintor que además de cantor de su Córdoba natal –donde ahora se le recuerda en esta gran muestra comisariada por Angustias Freijo para la Sala Vimcorsa- y de la Andalucía rural, lo ha sido de la que es hoy su ciudad de residencia.

Eugenio Ocaña

mayo 7, 2013

Galería Ángel Cantero. León. 03 - mayo - 2013. Secundino Pérez

Eugenio Ocaña Afán de Rivera (Granada, 1978) formado en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada, es un pintor figurativo. Acabados sus estudios en 2001, no ha parado de pintar desde entonces. Y ahora, con 35 años, siente que ha “Llegado el momento”, título que ha dado a su exposición en la galería leonesa Ángel Cantero, recién abierta por su nuevo mecenas tras una larga singladura bajo el nombre de ‘Sardón’. Si Ocaña es un enamorado de la pintura del siglo de oro español: Velázquez, Zurbarán, Sánchez Cotán, Ribera, etc… y, por supuesto, de Goya, Rembrandt o Frans Hals; lo es también del bodegón o del retrato en un sentido amplio, temática a la que acude con insistencia y de la que ha partido para elaborar sus últimas exposiciones. Retratos hirientes, provocativos, a veces con moralina, que me llevan a las pintadas callejeras de un Banksy. O se detiene en un banquete, una ceremonia intimista y rutinaria de gente comiendo y bebiendo… En esta pequeña selección de obras que nos muestra el joven artista granadino se pueden apreciar dos tendencias: un realismo de influencias clásicas, donde la figura humana es su principal referencia, y una figuración con tintes cercanos al pop. Esa dualidad se hace patente en esta exposición y en ocasiones ambos enfoques juegan y se funden durante el proceso de trabajo del pintor.

Su estética recuerda la pintura del francés Paul Lisak  (Bayona, Francia, 1967). Lisak, músico y pintor, se trasladó pronto a Londres (Reino Unido), lugar donde creció y vive en la actualidad.

ÚLTIMAS EXPOSICIONES INDIVIDUALES

“LLEGADO EL MOMENTO”. Galería Ángel Cantero. León (2013)

“HADAS, VÍRGENES Y BRUJAS”. Galería Ceferino Navarro. Granada (2009).

“LA DAMAJUANA”. Sala de exposiciones Reyes Católicos de Cajasur. Córdoba (2008).

ENTREMESAS Y FIGURAS”. Fundación Caja Rural. Granada (2008).

“EL BANQUETE”. Fundación Ramón J. Sender y Centro UNED. Barbastro (Huesca) (2007).

“EUGENIO OCAÑA. HISPANIA NOORED MAALIKUNSTNIKUD”. Eesti Konsert (Auditorio Nacional de Estonia). Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación. Tallín (Estonia) (2006).

ÚLTIMAS EXPOSICIONES COLECTIVAS

“FASHION VICTIMS”. Galería Santiago Echeberría. Madrid (2011).

“EMERGENTES” . Galería Santiago Echeberría. Madrid (2011).

OBRA

La clara, de E. Ocaña (2010)La Clara (2010), óleo de E. Ocaña.
Futuro (2012), óleo de E. OcañaFuturo (2012), óleo de E. Ocaña

'Rimel' (2011), de Eugenio OcanaRimel (2011), óleo de E. Ocaña

Ángel López-Obrero

noviembre 10, 2010

Ángel López-Obrero Castiñeira es, junto a Rafael Botí y Antonio Rodríguez Luna, uno de los máximos representantes del arte andaluz de posguerra, de la llamada Generación del Exilio (la que va de León Felipe a Miguel Hernández, de Alejandro Casona a Max Aub).

Nacido en Córdoba el 20 de abril de 1910, inició sus estudios de dibujo artístico en la Escuela de Artes y Oficios Mateo Inurria (1922-1925). En 1924 recibe por oposición una beca de la Diputación Provincial de Córdoba para cursar estudios superiores de pintura en Madrid, en la Escuela Superior de Bellas Artes San Fernando, donde permanece entre 1925 y 1930. En Madrid completará sus estudios en el taller del pintor Vázquez Díaz. En 1926 realiza su primera exposición en el Círculo de Labradores de Córdoba. Al año siguiente conoce en Madrid al crítico de arte Francisco Alcántara, con el que entabla amistad y camaradería en sus inclinaciones vanguardistas. En 1928 expone en los salones del Círculo de la Amistad de Córdoba. A finales de 1929 tomó parte en el Primer Salón de Artistas Independientes de Madrid, exposición colectiva organizada por el grupo “Salones Independientes”. Durante los años 1930 y 1931 expuso, ya de forma individual, un conjunto de cuadros y dibujos titulado “Estampas populares de Andalucía” en varios salones (Salón Heraldo de Madrid, Ateneo de Córdoba) y vuelve a figurar en II Salón de Artistas Independientes de Madrid. En 1931 viaja a Barcelona, donde establece su residencia. Allí trabaja como dibujante publicitario e ilustrador hasta comienzos de la Guerra Civil. En Barcelona pinta retratos más espaciadamente y participa en varias exposiciones, como las Exposiciones Municipales de Primavera. El estallido de la Guerra le hará sufrir amargas experiencias en el frente y, posterior, en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer (Francia). El conflicto bélico no es óbice para que participe en la Exposición de Artistas exiliados españoles en Paris de 1939. Como consecuencia, la revista Messidor publica en portada un dibujo suyo que obtiene gran resonancia. Ese mismo año figura en la exposición del Palais de la Loge (Perpignan). En 1940 expone en el casino de Banyuls-sur-Mer.

Vuelta a España

En 1942 vuelve a España y se instala de nuevo en Barcelona. Miembro del Cercle Maillol y del Institut Francais de Barcelona, participa en sus exposiciones (1945). En 1946 expone en Galería Pictória de Barcelona. Entre 1946 y 1948 ejerce el profesorado artístico con carácter privado y funda una Escuela de Artes Plásticas en el Paseo de Gràcia de Barcelona. Asimismo es co-fundador y destacado animador del Salón Octubre de Barcelona (expone en el mismo en varias ocasiones). De 1948 a 1952 traslada su actividad docente a la Bonanova y se instala en la calle San Gervasio y funda el Taller Escuela de Pintura, un taller encaminado a la formación de artistas noveles. En 1950 participa en una exposición en la Galería Cristina de Barcelona y al año siguiente en la Sala Municipal de Arte de Córdoba. En 1952 es seleccionado por Eugenio D´Ors para formar parte del Salón de los Once, en Madrid.

Córdoba, los orígenes

En 1952 regresa definitivamente a Córdoba, donde se convirtió en uno de los grandes propulsores artísticos de la ciudad, manifestando su afán en la recuperación de la tradición artesanal de cordobanes y guadamecíes y revitalizando tan valiosa expresión artística andaluza. Asimismo continuó exponiendo en diferentes ciudades españolas y ejerció como profesor en la Escuela de Artes y Oficios de Córdoba. El 20 de febrero de 1989 se le concedió la Medalla de Andalucía, en su categoría de plata.

Exposiciones desde 1952

1953 Participa en la exposición Homenaje a Vázquez Díaz, en Madrid.

1954 Exposición personal Galería Altamira en Madrid.

1955 Exposición personal en el Instituto de Priego de Córdoba.

1958 Exposición personal en Sala Municipal de Arte. Córdoba.

1960 Exposición individual en Sala Municipal de Arte de Córdoba

1963 Exposición personal en Sociedad Económica de Amigos de País, en Málaga.

1964 Co-fundador y expositor del Salón Córdoba. Córdoba

1965 Exposición de Pintores actuales de Córdoba, organizada por el Circulo de la Amistad, Liceo Artístico y literario de Córdoba.

1966 Exposición Diez pintores cordobeses , en la Galería Ripoll de Jaén.

Organizador y expositor de la I Feria del Dibujo en la Sala Municipal de Arte de Córdoba.

1968 Exposición personal antológica en Sala de Arte del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba.

Organizador y expositor de la II Feria del Dibujo en la misma sala de dicha entidad.

1970 Exposición personal en Galería Altamira y otra en el hotel Gran Capitán, ambas en Córdoba.

1974 Exposición personal en Galería Studio 52,.Córdoba

Participa en la exposición Quince pintores cordobeses , Sala del Castillo en Jaén.

1975 Exposición Dieciséis pintores cordobeses de hoy, Galería Grin-Gho en Madrid.

Exposición Ciclo del dibujo español, dibujantes de Córdoba. Sala de la Caja de Ahorros Provincial de San Fernando de Sevilla.

1976 Exposición Pintores cordobeses , Pequeño formato. Galería Atrium.Córdoba.

Exposición colectiva de pintores contemporáneos. Sala de la Diputación Provincial de Málaga.

El flamenco en el arte actual. Club Urbis. Madrid.

Exposición personal en Sala Gaudí.

1977 Colectiva en Galería Juan de Mesa.Córdoba.

Retrospectiva de Artistas Independientes. Galería Lázaro. Madrid.

1978 Exposición Panorama 78 (ASAP). Museo Español de Arte Contemporáneo.

Exposición personal en Manuela Galería de Arte.Córdoba.

1979 Exposición personal en Galería Kreisler.Madrid.

1980 Exposición personal en Castilla, Galería de Arte. Valladolid.

Exposición de Artistas cordobeses (ASAP). Sala Bartolomé Bermejo. Córdoba.

1981 Exposición personal en Galería Studio 52. Córdoba.

Participa en las exposiciones El flamenco en el arte actual celebradas en el Banco de Bilbao de Madrid, en la Posada del Potro de Córdoba y en la Escuela de Arte y Oficios de Almería. También la de artistas plásticos andaluces. Fundación Manuel de Falla, Junta de Andalucía. Granada.

1982 Esposición antológica en la Excma Diputación Prov.de Huelva.

Exposición en Galería Studio 52. Córdoba.

Figura en el segundo encuentro de artistas plásticos andaluces. Junta de Andalucía. Granada

Exposición Antológica en Conservatorio Superior de Música de Córdoba.

1983 Exposición personal de dibujos en la Galería de Artes decorativas Meryan.Córdoba.

Exposición grafías (oleos y acuarelas) en Galería Studio 52. Córdoba.

Exposición antológica en el Salón de Actos de la Diputación Prov. de Huelva.

1984 Homenaje a las Artes Plásticas. Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Córdoba. Posada del Potro.

Artistas cordobeses. Exposición itinerante Jaima Cultural. Área de Cultura de la Diputación Prov.de Córdoba.

1985 Colectiva en Galería Alfama. Madrid.

Exposición personal en Galería Eduma en Linares.

Homenaje a la música , en Galería Alfama. Madrid.

1986 Colectiva en la Caja de Ahorros Prov. de Alicante.

II cita con el dibujo, Galería Alfama. Madrid.

Maestros de la pintura andaluza contemporánea. El Corte Ingles. Sevilla.

Pintores y escultores pertenecientes a la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes, Círculo de la Amistad. Córdoba.

1987 Exposición personal en el Centro Cultural Cajasur de Córdoba.

Participa en la exposición Vázquez Díaz y sus discípulos en la Excma. Diputación Prov. de Córdoba.

Exposición personal en la Sala de Exposiciones Caja sur de Madrid.

Exposición personal en la Galería de Arte del Corte Inglés de Málaga.

1989 Exposición personal de pinturas y dibujos en la Sala Municipal de Exposiciones de Torredonjimeno. Jaén.

1990 Exposición retrospectiva con motivo de su ochenta cumpleaños en la Sala de Arte de la Obra Cultural de la Caja. Córdoba.

1991 Exposición colectiva Córdoba años 50. Una aprox. en el Alcázar de los Reyes Católicos. Córdoba.

Exposición colectiva Córdoba es arte en Galería 2000. Córdoba..

Concesión del premio Cordobés del Año 1991 , por su labor en pro de la cultura y las artes.

Murió en Córdoba el †26 de marzo de 1992, a los 82 años de edad.